viernes, 23 de diciembre de 2011

CREYÉNDOME ESCRITOR...

No podía dejar de pensar en la misma idea. Soñó con ser diferente, con alcanzar metas, pero por el momento no podía presumir de haber logrado ninguno de sus propósitos.  Deliberó, primero, sobre qué le motivaba a seguir, lo qué le impedía avanzar y lo qué no quería permitir. Pocas cosas lo ataban a su alrededor, ya no sentía el cariño de su familia, ya no encontraba el cobijo en las amistades y ya no lograba completarse con su pareja. En definitiva, se había hundido en un foso que él mismo se creó durante largo tiempo y de que, al parecer, ya no encontraría escapatoria.
         Cogió su portátil y se puso a investigar, miró blogs, chats, leyó artículos de psicología y autoayuda, todos ellos le invitaron a la reflexión, pero ésta solo le conduzco por un camino hacia la destrucción, ya que solo conseguía hacerle pensar más y más en lo fracasado, desanimado y humillado que se consideraba. Derivó su indagación a páginas poco convenientes que le mostraron una alternativa fácil a su dolor, en ellas encontró apoyo, comprensión, similitud y esto le animó. Poco se podía decir de aquellos epitafios escritos por figuras oscuras que prefirieron enterrarse ante los problemas que enfrentarse a ellos. Pero conseguían convencerle y parecía que las opciones eran múltiples, rápidas y algunas incluso indoloras.
           Paró por un segundo, apartó el ordenador, y empezaron a brotarle lágrimas de sus ojos, se golpeó con los puños a la altura de la sien, gritando “para, para”, pareció como si quisiera expulsar a un ser que controlaba su mente y sus ideas, pero sin parar de llorar se repetía a si mismo “tu tienes la culpa de todo, no vas a hacer que esto cese”. Se tumbó sobre la cama y se encogió todo lo que pudo, con la sensación de hacerse lo más minúsculo para así soñar como que desaparecía, sin embargo, sabía que solo existía una manera de convertir ese deseo en realidad.
            Pasaron los minutos, se puso el mp3 y comenzó a escuchar música, aún acurrucado y llorando, siguió pensando en que debía tomar una decisión. Quizás hubiera sido el momento adecuado para recibir una llamada, un chaleco salvavidas, un empujón que le hubiera levantado el ánimo, pero ese reclamo no llegó. Se preparó un baño caliente, ya que éste había sido un alivio en crisis pasadas, se sumergió en la amplía bañera y a su lado vislumbró apoyada en la repisa del jabón la cuchilla de afeitarse. No recordaba cómo había llegado allí, si quizás fue él quien la puso días antes, pero ésta solo le pudo sugerir una idea. Inició nuevamente su batalla interna, empezó a escuchar en su cabeza su canción favorita de rock n’ roll, se levantó enérgicamente tarareándola él mismo, salieron varias carcajadas de su boca que le liberaban de ese sentimiento que le corroía las entrañas. De repente, se vio en el espejo del baño, se miró a los ojos, los cuales no pudieron impedir otra vez el llanto, se quedó inmóvil ante su rostro, le entró angustia y desesperación, sin mover la vista flexionó las rodillas, tomó un trago largo de whisky, agarró la cuchilla y se abrió un corte en el brazo, comenzando así un flujo de sangre que se entremezcló con el agua y las sales de baño.
         Dolió más su eterno sufrimiento que su lenta muerte, se acostó de nuevo en la bañera y fabricó su último pensamiento, mientras esperaba que la oscuridad se apoderara de su cuerpo ya casi inerte, y que con voz débil pronunció “nadie deberá juzgarme si es ésta la manera que he encontrado de vivir”.

jueves, 17 de noviembre de 2011

UN TROZO DE MI.

Puede ser que estas palabras las escriba el rencor. Es posible que todo esto sea fruto del engaño, las mentiras y el dolor, pero es francamente mi realidad, la verdad que me tocó vivir y que ya nada podrá borrar de mi mente. Mil amores pasarán y llenarán mi corazón, gastarán mi tiempo y ocuparán y reemplazarán tu lugar, y el vacío que has dejado en mi interior.
Y es que no tengo nada ya para ti, me quitaste la ilusión, la esperanza, la creencia en el amor, el derecho a ser feliz. Contigo, probablemente, he aprendido a amar, he aprendido a hacerme ilusiones, pero también he incorporado pautas a mi forma de comportamiento que  ayudarán a mitigar el dolor más fácilmente.
Ya nunca jamás serás mío, nunca más besarás mis labios, nunca más rozarás mi cuerpo, ya nunca suspirarás sobre mi pecho… Y con toda franqueza te admito que ya no me importa.  He logrado superar la barrera que me ataba a ti, el muro que me impedía ver la realidad, ver el mundo que me rodea, lleno de peces, lleno de personas que están dispuestas a tenderme una mano, porque aunque no parezca merecer ningún apoyo, yo tengo a mis seres queridos para apoyarme, y tú los tuyos, y no quiero arrebatártelos.
Quiero pensar que he sido yo el malo, que me está bien empleado por confiar en ti. Tú me dijiste: “no te sientas culpable por lo que ha ocurrido, yo soy el gilipollas…” Y yo no te quise creer y me hundí en un mar de lágrimas, con el anhelo de que éstas borraran tu olor de mi ropa, tus recuerdos de mi cabeza y tu imagen de mi corazón. 
Ahora supongo que no dirás lo mismo acerca de mí. Voy a guardar muy dentro de mí todos los últimos adjetivos que me dedicaste, desde cabrón hasta mala persona. Pero no los creeré, porque pese a que para ti sea un inculto, no me han educado para ser todo aquello que me dijiste.
Y mientras veo tus fotos y escucho mis canciones autoflagelantes voy notando como ya no hay llanto, como tres meses y medio ya han logrado apartarte de mis pensamientos. No soy más fuerte que ayer, pero sí menos débil y un poco más sabio quizás.
No lograré entender cómo no pensaste antes en las consecuencias, tus actos marcaron un antes y un después en mi vida, y sé que ahí perdurarán para siempre, pero ya no de la misma forma. Como he empezado diciendo, no hay nada ya, lo echaste todo a perder y aún pretendiste que yo siguiera ahí, siendo tu amigo, pero a tiempo pude escarmentar y huir de todo aquello, por el camino habré perdido cosas valiosas, pero he ganado en dignidad, respeto y valor.
Ya no me puedes herir, he conseguido hacerme inmune, quiero poder mirar al mañana y decir que me volveré a enamorar tan ciegamente como lo hice contigo, que volveré a confiar, que volveré a desnudar mi alma, que volveré a ilusionarme, y que las palabras TE QUIERO recobrarán su auténtico significado porque alguien me lo enseñará y yo dejaré que me lo enseñe.
No puedo acabar sin decirte: Gracias por formar parte de mi existencia, por abrirme tal como soy al mundo, por hacerme descubrir lo maravilloso que puede llegar a ser el querer locamente a una persona.

jueves, 20 de octubre de 2011

TE PROMETO...

No te prometo felicidad continua, no te prometo que sepa responder a todo, no te prometo saber defenderte todo lo que mereces, no te prometo poder colmarte de regalos, no te prometo una vida juntos, no te prometo poner el mundo a tus pies, no te prometo que nunca mas lloraras, no te prometo cambiar, no te prometo el cielo, la luna, ni las estrellas, no te prometo riquezas, no te prometo títulos, no te prometo que todo sean alegrías, no te prometo una mansión, no te prometo que nunca mas vayas a tener miedo...

Porque no puedo prometer ser perfecto:

Lo único que te prometo es que te voy a querer como nunca lo he hecho, te voy a regalar cada día de mi vida, cada hora, cada segundo que necesites, ahí estaré, te voy a ofrecer miles de besos, de caricias, de abrazos, de llantos, de alegrías, de penas, de sonrisas, de peleas, de momentos inolvidables…

Momentos de amor.

lunes, 17 de octubre de 2011

SUEÑO...

Y de repente sueño ser la persona más querida del mundo, solo por un instante pienso que nada puede arrebatarte de mí, por un segundo me siento protegido, que nada ni nadie conseguirá dañarme, porque abro los ojos y te veo ahí, a mi lado… Bajo los parpados tranquilo, mientras, dejo escapar una lagrima que lo expresa todo, entonces vienes y me besas, dándome un cálido abrazo. 

Pero luego despierto y veo la cruda realidad, ni tú estas aquí, ni yo soy feliz, ni me estas besando, ni me siento tranquilo, ni me estas abrazando, ni soy el más querido, aunque algo si es cierto, estoy llorando, por ti, recordando todos esos momentos y pensando, que ya solo por conocerte, debo estar feliz.

domingo, 2 de octubre de 2011

MELANCOLÍA...

Ayer cerré los ojos para poder pensar en mí un momento y la imagen de tu rostro irrumpió de nuevo en mi mente. ¿Qué debía hacer?
Una vez allí no pude evitar recordar todos esos momentos a tu lado y que aun no había querido eliminar. Lamentablemente se cebo de mí un sentimiento de tristeza.
Intenté hacerlo desaparecer pero era más fuerte el recuerdo de tu presencia que mis ganas de olvidar. Tras aceptar mi derrota, opté por seguir hallando motivos por los cuales nuestro romance se convirtió en una farsa, pronto vino a mí ''el fantasma del pasado'' y me hizo ver la solución a la duda que me había asaltado…
Pese a que ya recordaba que la culpa fue la poca decencia que tu demostraste tener, dentro de mi quise volver a saber de tu existencia y me paralizó pensar lo mal que acabó todo y entonces, presentí que tú ya no querrías tener nada que ver conmigo...
Para ese momento ya no pude abrir más los ojos y obtuve la ultima lección de mi vida: no dejes escapar el tiempo, porque el segundo que pasa ya no es tuyo sino que le pertenece al pasado, y no dejes marchar a las personas que realmente consiguieron hacerte feliz, porque siempre volverán involuntariamente a ti, y para ese momento te gustará tenerlas cerca...

lunes, 26 de septiembre de 2011

DESVARIANDO UN POCO...

Las flores no se preocupan del color de sus hojas, el Sol no piensa en lo brillante que está, ni la abeja se plantea si debe recoger el polen de las flores. Tan solo las personas cuestionamos nuestra existencia y nuestras acciones diarias.
Siempre intentamos buscar más allá de lo que se nos dicta. Como seres pasionales queremos hallar solución a nuestras inquietudes humanas, no funcionamos ante pautas premarcadas, nos gusta ir elaborando nuestro camino día a día, pero nunca estamos complacidos, y buscamos excusas para sentirnos desdichados, apartando así de nosotros la verdadera dicha que ya poseíamos.
Pues bien, si a veces, y solo algunas veces, fuéramos un poco tulipán, Sol o abeja, y no tan ambiciosos, quizás dentro de nosotros aparecería aquello que se anhela tanto y que tan pocos alcanzan: LA FELICIDAD. Porque no se trata de resignarse o de olvidar la superación, es tan sencillo como basar tus acciones en algo que te haga prosperar, y por el camino ir disfrutando de todo lo que vayas consiguiendo, en vez de estar recordando todo lo que no tienes y que te queda por alcanzar.

sábado, 27 de agosto de 2011

IRRESISTIBLES A LA TENTACIÓN


Lo que tuviera que pasar, acabaría ocurriendo de una manera u otra, era algo inevitable. Empiezas de broma, planeas cómo sucederá todo, el día, la hora, el momento, pero no el final, porque ya se sabe lo que bien empieza, mal acaba.
Cuando tienes diecisiete años lo único que te ocupa la mente es el paso de la adolescencia a la madurez. Unos pensamos que lo lograremos pronto, otros en cambio piensan que ya son maduros, pero la triste realidad es que la preocupación constante de “parecer” mayor te evoca a realizar ciertos actos bastante impropios, que la mente de un joven no está preparado para asimilar.
Desde pequeños, nuestros padres se encargan de encauzar nuestras relaciones sociales por el mejor camino posible, pero es justamente a estas edades cuando uno empieza a descubrir todo lo que puebla el mundo, desde las personas más frágiles, emocionalmente, hasta las más “duras”. Y con más duras hago referencia a ese círculo de la sociedad que, no por méritos propios, son adulados por muchos, son “ejemplos a seguir”, y que en el mejor de los casos, esta gente, lo máximo que conseguirá en su vida es tener que compartir jeringuilla bajo un puente con cuatro o cinco especímenes más de su misma calaña.
Pero así está la sociedad juvenil, rodeada de unos valores modelados por humanos incapaces de discernir ni cinco minutos acerca de temas actuales o de gran implicación social.
Es imprescindible recalcar, que esto es una generalización un poco injusta, pero como todas, hablar en plural provoca siempre interminables polémicas. Solamente dispongo de mi corta experiencia, y basándome en ella, voy creándome la configuración jerárquica de una sociedad que hace aguas por muchos lados.
[…]
            Ya por diciembre íbamos pensando dónde íbamos a pasar el fin de año. Entre todos fueron surgiendo infinidad de posibilidades, pero finalmente la más posible, fue alquilar un apartamento en una ciudad costera cercana a la capital. Como era tradición, había que ingeniárselas para organizar la cena, la decoración, en fin todos los preparativos que conllevaba la estancia allí, y en síntesis, lo más urgente, para nosotros, los estupefacientes. Hasta cierto punto todo era posible, aún siendo menores disponíamos de libertad suficiente para realizar nuestros chanchullos.
Llegado el 31 lo único de lo que disponíamos eran de elementos de primera necesidad, las maletas por hacer, el trayecto por recorrer, y al parecer a mis compañeros solo les interesaba conseguir otras “cosas” de las cuales yo no tenía conocimiento. Todo parecía tomar un giro de pensamiento en las mentes de mis amigos.
Entre prisas y llamadas, se nos echó el tiempo encima y también la hora de salir.
Una vez allí, nos instalamos, repartimos las habitaciones, abrimos las maletas, colocamos la consola, enchufamos la música, encendimos la chimenea y empezaron las discrepancias.
[…]
Posiblemente la peor causa del comienzo de los vicios en tempranas edades, sea el entorno. Lo que tú ves, oyes, acabas incorporándolo a tus patrones de conducta. Empiezas a pensar que si los demás lo hacen, que si a ellos no les ha conllevado ningún riesgo grave y popularmente son aceptados e imitados, tú también deberías ser así. Por dentro se te van rompiendo los esquemas por muy bien trazados que los tengas y por muy claro que tengas que no vas a caer en tópicos y no acabar haciendo lo que la mayoría a tu alrededor ha incorporado como rutina.
[…]
La crispación caldeaba aún más el ambiente, nos hallábamos en un frío silencio, hasta que acabaron confesando que el motivo real de aquella tensión era la falta de costo. Una parte de mí se lamentó por aquel fallo, y otra parte quiso salir corriendo y gritar alto y claro en lo que me estaba convirtiendo.
Pero bueno no teníamos que perder los estribos, aún quedaba el alcohol, principal componente en las fiestas adolescentes. Tequila, Cazalla, Ron, Vodka y sus respectivas mezclas iban a ser nuestro distorsionante de la realidad.
A escasas horas del adiós del 2009 nos apresuramos a cocinar toda la cena, a servirla y a devorarla. Entre risas despedimos el año, sonaron las campanadas, engullimos las uvas, brindis de champagne y empezó la fiesta. Los cubatas pasaban de mano en mano, podías estar bebiendo un líquido azul y al momento uno rojo. No cabía duda que iba a ser una noche memorable.
Lo curioso eran las repentinas entradas y salidas multitudinarias del cuarto de aseo, parecía como si la fiesta se hubiese trasladado allí y algunos de nosotros no estuviéramos invitados. Motivado por el alboroto me dirigí a presenciar lo que sería el detonante final. La vida de las personas corría horizontalmente, con un color blanquecino se tintaban el bigote, aspiraciones rápidas vendidas a cinco euros, DNI en mano cortaban, separaban y perdían la dignidad por media noche de placer. El poder que sentían, lo que les inspiraba a hacer tales actos, el desprecio que mostraban ante la vida y la muerte… Todo por la pretensión de ser quien nos dicta la sociedad que debemos ser.
Aquello sobrepasaba los límites de la realidad, mi cabeza quiso asimilar muchos conceptos en un periodo corto de tiempo. Al enterarse de mi descubrimiento avistaron que no me había dado por invitado y no tardaron en pedirme que me uniera a ellos. Me advirtieron de los peligros, pero sabían cómo camuflarlos entre elogios y palabras bonitas sobre la cocaína.
Yo era una persona de ideas claras, sabía que era aquello que hacían, sabía que estaba mal, pero una vez más me sentí en la misma tesitura que momentos antes ellos habrían experimentado, si quería ser lo que todos esperaban, debía de hacerlo. Allí estaba yo, sentado al lado del váter, con mi billete enroscado y mi “línea” preparada.
[…]
Me levanté mareado, la resaca se había apoderado de mi cuerpo. Lo último que recordaba era aquella escena del baño, ya borrosa y difuminada en mi mente. Me vino un olor que me produjo nauseas, intente incorporarme y cuando mis pupilas pudieron acomodarse a la cantidad incidente de luz me deslumbró el flash del recuerdo, me puse desesperado a buscar algún rastro del polvillo blanco, pero no había huella de él por ningún lado, volví a sentarme y a los segundos una lagrima resbaló por mi mejilla. No sé qué había pasado, ni qué había hecho, solo que había despertado en el mismo sitio donde la moral y la ética desaparecían, y la lujuria y los apetitos se apoderaban de un cuerpo débil e imperfecto, fácilmente manipulable y sin el poder suficiente de renunciar a la tentación.
Hiciera lo que hiciera jamás culpé a nadie más que a mí mismo, ya que el último responsable de mis acciones era yo, nunca estuve presionado, nunca me obligaron a aspirar.
Al rato salí de allí sin mediar palabra. Avergonzado por no recordar lo sucedido, pedí que jamás me contaran la verdad. Y en realidad no me hacia falta porque yo sabía quien era y quien iba a seguir siendo y ninguna raya sería capaz de cambiar eso. En ese momento entendí que la sociedad no forma la personalidad de la gente, sino que son las personas las que configuran las características de la sociedad y que si se quería cambiar aquellos valores de libertinaje y despreocupación moral, se debía empezar a dar primacía a otros aspectos más modélicos.

The Writter Man (A.Suay)