Puede ser que estas palabras las escriba el rencor. Es posible que todo esto sea fruto del engaño, las mentiras y el dolor, pero es francamente mi realidad, la verdad que me tocó vivir y que ya nada podrá borrar de mi mente. Mil amores pasarán y llenarán mi corazón, gastarán mi tiempo y ocuparán y reemplazarán tu lugar, y el vacío que has dejado en mi interior.
Y es que no tengo nada ya para ti, me quitaste la ilusión, la esperanza, la creencia en el amor, el derecho a ser feliz. Contigo, probablemente, he aprendido a amar, he aprendido a hacerme ilusiones, pero también he incorporado pautas a mi forma de comportamiento que ayudarán a mitigar el dolor más fácilmente.
Ya nunca jamás serás mío, nunca más besarás mis labios, nunca más rozarás mi cuerpo, ya nunca suspirarás sobre mi pecho… Y con toda franqueza te admito que ya no me importa. He logrado superar la barrera que me ataba a ti, el muro que me impedía ver la realidad, ver el mundo que me rodea, lleno de peces, lleno de personas que están dispuestas a tenderme una mano, porque aunque no parezca merecer ningún apoyo, yo tengo a mis seres queridos para apoyarme, y tú los tuyos, y no quiero arrebatártelos.
Quiero pensar que he sido yo el malo, que me está bien empleado por confiar en ti. Tú me dijiste: “no te sientas culpable por lo que ha ocurrido, yo soy el gilipollas…” Y yo no te quise creer y me hundí en un mar de lágrimas, con el anhelo de que éstas borraran tu olor de mi ropa, tus recuerdos de mi cabeza y tu imagen de mi corazón.
Ahora supongo que no dirás lo mismo acerca de mí. Voy a guardar muy dentro de mí todos los últimos adjetivos que me dedicaste, desde cabrón hasta mala persona. Pero no los creeré, porque pese a que para ti sea un inculto, no me han educado para ser todo aquello que me dijiste.
Y mientras veo tus fotos y escucho mis canciones autoflagelantes voy notando como ya no hay llanto, como tres meses y medio ya han logrado apartarte de mis pensamientos. No soy más fuerte que ayer, pero sí menos débil y un poco más sabio quizás.
No lograré entender cómo no pensaste antes en las consecuencias, tus actos marcaron un antes y un después en mi vida, y sé que ahí perdurarán para siempre, pero ya no de la misma forma. Como he empezado diciendo, no hay nada ya, lo echaste todo a perder y aún pretendiste que yo siguiera ahí, siendo tu amigo, pero a tiempo pude escarmentar y huir de todo aquello, por el camino habré perdido cosas valiosas, pero he ganado en dignidad, respeto y valor.
Ya no me puedes herir, he conseguido hacerme inmune, quiero poder mirar al mañana y decir que me volveré a enamorar tan ciegamente como lo hice contigo, que volveré a confiar, que volveré a desnudar mi alma, que volveré a ilusionarme, y que las palabras TE QUIERO recobrarán su auténtico significado porque alguien me lo enseñará y yo dejaré que me lo enseñe.
No puedo acabar sin decirte: Gracias por formar parte de mi existencia, por abrirme tal como soy al mundo, por hacerme descubrir lo maravilloso que puede llegar a ser el querer locamente a una persona.