Sin pensar a veces en las consecuencias, apartamos nuestros principios y actuamos a merced de nuestras pasiones. Cuantos pensamientos importantes se quedan en el tintero de nuestra mente y cuantas frases irrelevantes se materializan al salir por nuestra boca.
Aunque es grande mi miedo de no llegar a ser quien yo pretendo, me asusta más el hecho de perder quien un día fui.
Mi terrible inocencia y juventud me obligan a protagonizar escenas que posteriormente avergüenzan a mi alma. En ocasiones, puedo prestarme a representar un papel que nadie quiere escuchar pero sí pueden oír. Gritaré todo lo que pueda, si es necesario, pero no me apartaré de lo que soy. Es una lucha interna, es una lucha contra uno mismo, es una batalla librada a diario.
Si mi cabeza dicta acciones que no vas a comprender, solamente aléjame. Corre contra tus fuerzas y resiste a la tentación pues nadie bajará al infierno a tu rescate. Asique trabaja tus propios cimientos y que los demás sepan que eres tú quien consigue destruir el muro que te mantenía preso.
Que el arrepentimiento no tarde en aparecer y el perdón lo envuelva es señal de madurez, pero si buscas justificaciones solo demuestras tu propia culpabilidad. Seguramente llorarás cada una de mis razones cuando aprendas que decía verdades pero solo perdurarán tus acciones.
Protégeme de tus mentiras, pues una vez no pude contenerlas y sería engaño afirmar que curado estoy de ellas, pero si eres tú quien las pronuncia mucho me temo que pecar sería la acción y el llanto la consecuencia.
Puede que la vida no presente muchas más oportunidades, por eso hoy quiero aprovecharme de ellas y soñar que son eternas. Ya mañana caeré de rodillas e imploraré acallar mi lamento al cielo y rogaré no cometer más errores. Pero no puedo preparar un plan alternativo si tú me ofreces en bandeja mis deseos.
Sí, el mejor amigo de la felicidad es el llanto, pero no quiero obtenerla si el precio a pagar es renunciar a la vida.
Es una lucha interna.
Es una lucha contra uno mismo.
Es una batalla librada a diario.
