Las flores no se preocupan del color de sus hojas, el Sol no piensa en lo brillante que está, ni la abeja se plantea si debe recoger el polen de las flores. Tan solo las personas cuestionamos nuestra existencia y nuestras acciones diarias.
Siempre intentamos buscar más allá de lo que se nos dicta. Como seres pasionales queremos hallar solución a nuestras inquietudes humanas, no funcionamos ante pautas premarcadas, nos gusta ir elaborando nuestro camino día a día, pero nunca estamos complacidos, y buscamos excusas para sentirnos desdichados, apartando así de nosotros la verdadera dicha que ya poseíamos.
Pues bien, si a veces, y solo algunas veces, fuéramos un poco tulipán, Sol o abeja, y no tan ambiciosos, quizás dentro de nosotros aparecería aquello que se anhela tanto y que tan pocos alcanzan: LA FELICIDAD. Porque no se trata de resignarse o de olvidar la superación, es tan sencillo como basar tus acciones en algo que te haga prosperar, y por el camino ir disfrutando de todo lo que vayas consiguiendo, en vez de estar recordando todo lo que no tienes y que te queda por alcanzar.